7 ago. 2010

Canto para Briseida




Briseida,
no te conozco todavía
pero pienso en ti, en cómo serás;
adivino en tus ojos
el fulgor de una belleza repentina.
No serás nunca diosa ni princesa,
en la tierra todo son mentiras.
Hoy tu madre está ausente,
aún no conozco el tacto de su piel
ni reconocer puedo el aliento de su voz.
Su rostro tampoco puedo dibujarlo
aunque en sueños a veces lo imagino,
en él puedo verte,
o eso quisiera!
Sé que serás, al menos,
lo más querido por mi corazón
hoy afligido y expectante;
serás, como el pasto verde y fresco,
su mejor y más tierno alimento.
Oh, Briseida,
eres como un canto de sirenas
en esta odisea que es la vida terrenal,
abrupta como colinas escarpadas
y sobretodo incierta como el hado inescrutable.
Recordaré este momento,
como un momento pretérito y fecundo,
porque mañana, quién sabe cuándo,
te meceré en mis brazos
embelesado de amor.
Serás,
oh, mi querida Briseida,
fértil en futuros bienaventurados
y diestra en la danza
que sólo enseña la felicidad.
Ama, ama por encima de todas las cosas,
ése, ése es mi único consejo!
Sólo el amor puede conducirte
por la senda de la vida verdadera.
Pero, por ahora, tengo que dejarte,
dejar este sueño tengo porque,
como ya sabes,
esto tan sólo es sueño;
un ensueño de ti,
Briseida,
la niña más bella que imaginar puedo
y la vida , la vida que tanto anhelo!



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