16 may. 2012

Una síntesis a la dialéctica de clases



Por arriba, tenemos a las castas dominantes que viven por, para y de los bienes materiales. Por abajo, tenemos al pueblo que sufre directamente la opresión de las castas dominantes y que se ve empujado al ejercicio legítimo de alienación en todas sus diversas formas. En el medio, hay una mezcla de oprimidos, cuasi oprimidos y cuasi libres que disfruta de pseudo privilegios en tanto que no se ven empujados directamente a «nada» en concreto. Los de arriba carecen de cualquier tipo de emoción y sólo quieren gobernar para perpetuar, cuando no mejorar, su poder -real simbólico-. Los de abajo y del medio, en tanto que sufren injustamente las consecuencias indeseadas del azaroso arbitrio, sufren, y por lo tanto sienten, y como sienten, tienden siempre a alguna forma de conflicto. El principio resultante de todos esto es que los pocos de arriba gozan de una lucha aparentemente feliz y psicopática (pues su felicidad se basa, precisamente, en lo aparente de la felicidad y no en lo sustancial de la misma,  sin importarles lo que es bueno o malo, ni lo que está bien o mal, para la mayoría), mientras que los muchos de abajo y del medio sufren la discordia de las pasiones humanas pero viven la vida de forma mucho más acorde a nuestra naturaleza -pues vivir conforme a nuestras emociones es verdadero arquetipo de vida-. Las cosas materiales no atribuyen cualidades humanas a quienes las poseen, mientras que la práctica de unos determinados valores sí que humaniza a quienes los promueven.