11 ene. 2010

Reflexiones: Theodor W. Adorno







Frutillas.- Es una cortesía de Proust ahorrarle al lector la confusión de creerse más inteligente que el autor.

En el siglo XIX los alemanes pintaron sus sueños, y en todos los casos les salieron hortalizas. A los franceses les bastó con pintar hortalizas, y el resultado fue un sueño.

En los países anglosajones las meretrices tienen el aspecto de proporcionar, junto con la ocasión del pecado, los castigos del infierno.

Belleza del paisaje americano: en el más pequeño de sus segmentos está inscrita, como expresión suya, la inmensa magnitud de todo el país.

En la memoria del exilio, el ciervo asado alemán sabe como si hubiese sido matado por un cazador furtivo.

En el psicoanálisis nada es tan verdadero como sus exageraciones.

Si uno es o no feliz, puede saberlo escuchando al vientre. Al desgraciado, él le recuerda la fragilidad de su casa y le arranca del sueño ligero tanto como del sueño vivaz. Y al dichoso le canta la canción de su bienestar: su impetuoso soplido le comunica que ya no tiene ningún poder sobre él.

El sordo rumor, siempre presente en nosotros, de nuestra experiencia onírica resuena en el despierto en los titulares de los periódicos.

El mítico "correo de Job" se renueva con la radio. Quien comunica algo tan importante con voz autoritaria, anuncia calamidades. En inglés solem significa solemne y amenazador. El poder de la sociedad detrás del locutor se dirige por sí solo contra el auditorio.

El pasado reciente se nos aparece siempre como si hubiese sido destruido por una catástrofe.

La expresión de lo histórico en las cosas no es más que el tormento pasado.
En Hegel, la autoconciencia era la verdad de la certeza de sí mismo; en palabras de la Femnomenología: "el reino nativo de la verdad". Cuando esto dejó de resultarles comprensible, los burgueses erab autoconscientes por lo menos de su orgullo de tener un patrimonio. Hoy self-conscious significa tan sólo la reflexión del yo como perplejidad, como percatación de la propia impotencia: saber que no se es nada.

En muchos hombres es una falta de vergüenza decir yo.

La paja en tu ojo es la mejor lente de aumento.

Aun el hombre más infeliz es capaz de conocer las debilidades del más sobresaliente, y el más estúpido de los errores del más inteligente.

Primer y único principio de la ética sexual: el acusador nunca tiene la razón.

El todo es lo no verdadero.

(Minima Moralia. Reflexiones desde la vida dañada, 30, págs.46-48, Theodor W. Adorno, Taurus, Madrid, 1998)


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