Mostrando entradas con la etiqueta Masa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Masa. Mostrar todas las entradas

3 ago 2010

De lo simbólico y de lo real


 


Hoy me he reunido con los compañeros de partido en el local que tenemos en Lleida, donde, por cierto, se vive muy bien. Hemos puesto las cosas al día y hemos charlado sobre algunos temas controvertidos que estos últimos meses han suscitado enconados debates y peores dicterios entre ciertas personas de la izquierda catalana. Mientras exponía mis argumentos sobre la cuestión de la prohibición del uso del burka en determinados espacios de nuestra ciudad he recordado lo que dos noches antes había expuesto, un poco más acaloradamente, a mis amigas en el transcurso de una cena a la que previamente las había invitado. 

El tema no es otro que el desequilibrio existente entre lo que uno dice (manifiesta, exclama, defiende) públicamente y lo que uno hace para defender o sostener lo que antes ha dicho. Es un tema clásico que no por clásico deja de ser menos actual y preocupante para la causa que muchos defendemos. A lo primero, yo llamo aquí lo simbólico y a lo segundo lo real. Pues bien, desde hoy quiero dejar constancia de mi radical desprecio por todo lo simbólico.

Pero dado que se me podría objetar que a lo que yo llamo lo simbólico no le sigue ningún símbolo o emblema, quiero clarificar algo: el discurso (el del bar, el de la esquina o el de estar por casa), ése que todos elaboramos para la vida pública o privada, constituye para mí un símbolo más, un mera chapa, o pegatina caduca, cuando no se defiende con acciones en la realidad. Estas últimas vendrían a constituir lo que, por contraposición, yo llamo lo real.

Tenemos, pues, que hoy lo simbólico se tiende a confundir con lo real; esto sucede hasta tal punto que muchos hablan de lo simbólico como si fuera lo real, nos cuentan sus batallitas dialécticas, echan pestes de tal o cuál político con un furor desmedido y después se van a dormir como creyendo que han participado, o son partícipes, de la lucha de izquierdas. Qué gran mentira camaradas! La lucha de izquierdas requiere un gran esfuerzo, exige más que nunca de lo real, de lo tangible y mensurable.

La persistencia en defender más lo simbólico que lo real provoca, a mi juicio, algunas distorsiones en el modo que tenemos de percibir una realidad determinada de las cosas. El ejemplo más claro en este punto sería la escisión que, sin saberlo, muchos sujetos sufren respecto de la masa social; éstos creen o hablan de ella como de algo ajeno a su naturaleza, hablan de ella como si de un sujeto caprichoso se tratara y del que es imposible esperar reacción o cambio alguno. Cuánto daño provoca este vicio tan común! Dejémoslo claro, todos somos la gran masa.

De nada sirve para nuestra causa, defender sólo con palabras lo que también puede ser defendido con la acción. En el fondo, creo que el discurso (lo simbólico) es la mejor manera para muchos de sentirse, desde la individualidad, partícipes de un causa común, coherente con aquellos principios y valores que más íntimamente se defienden. Pero ahí está la trampa, quien no transgrede lo simbólico para dar un paso en lo real transita siempre en una incierta periferia. Lamentablemente, es hoy nuestro tiempo época de periferias. Un  apunte más antes de acabar, dos palabras hay que definen bien a lo real: militancia y compromiso.


6 ene 2010

Fragmentos: Ruwen Ogien









Según algunos historiadores y un antropólogo, más o menos influidos por Michel Focault, la pornografía es una "invención moderna", es decir, es una especie de hecho social inédito, aparecido en las sociedades occidentales a partir del siglo XVIII, y que nunca antes había existido en otra sociedad.

A primera vista es una teoría poco plausible. No hace falta ser una historiador profesional para saber que en todo tipo de sociedades "no modernas" (desdes los grupos de cazadores-recolectores de la prehistoria hasta las sociedades de la India medieval, pasando por la Roma y la Grecia antiguas) ha habido representaciones públicas,directas, explícitas de cuerpos desnudos, órganos sexuales, y de actividades sexuales de lo más variado (homosexuales, heterosexuales, de bestialismo, anales, genitales, bucogenitales, etc,..) en forma de graffiti, frescos, dibujos, pinturas, estatuas, bajorrelieves, etc., representaciones que sería bastante difícil distinguir con nitidez de lo que en la actualidad llamamos "pornografía".

También saben que, aunque las palabras pornography o pornographie no entraron en los grandes diccionarios ingleses o franceses hasta el siglo XIX (algo que en ocasiones presentan como argumento a favor de la idea de la "invención moderna" de la pornografía), esas palabras provienen del griego antiguo y que el primer pornographos ("pornógrafo") conocido fue un filósofo griego, Ateneo (lo cual parece contradecir las tesis de la invención moderna al tiempo que nos brinda una idea interesante sobre el papel que los filósofos podrían desempeñar en este ámbito).

(...) Otra versión un poco más plausible, de la tesis de la "invención moderna" de la pornografía mantiene que sólo a partir del siglo XIX , y únicamente en el mundo "occidental", la justificación pública del control y de la represión de la producción, difusión y consumo de representaciones sexuales explícitas habría dejado de expresarse en términos religiosos o políticos para empezar a formularse en términos morales. Sólo a partir de ese momento tales representaciones se habrían juzgado, "indecentes", "licenciosas", susceptibles de "depravar", de "corromper las costumbres", de despertar los "más bajos instintos humanos" (lascivia, lujuria y concupiscencia, etc.), de obstaculizar el completo desarrollo de los más jóvenes, etc. De hecho, la calificación de "obscenidad", bajo cuyo cargo comenzaron a administrarse todo tipo de sanciones en aquella época, engloba la totalidad de todos estos juicios morales valorativos.

(...) De modo que, en otros tiempos o en otras sociedades, las representaciones sexuales explícitas podían controlarse o prohibirse por el hecho de ser blasfematorias (justificación religiosa) o subversivas (justificación política). Sólo en nuestras sociedades modernas habrían empezado a serlo por resultar "obscenas" (justificación moral).

Para aportar una imagen más precisa de la idea de "invención moderna de la pornografía", basada en la justificación exclusivamente moral de su represión, conviene añadir que aquélla insiste en el nexo entre represión moral y democratización.

En efecto, según esta versión, el consumo de textos o de imágenes de actividades sexuales explícitas no se sometió a represión moral hasta bastante tarde, a partir de mediados del sigloXIX . Mientras la circulación de estos textos no excedió los límites de un pequeño círculo de personas ricas y cultivadas no planteó, según parece, ningún problema de los llamados "morales". Así, Memorias de Fanny Hill, de John Cleland, inaugura, en opinión de algunos críticos, un género completamente nuevo que ensalza a una mujer activa, independiente, que se vale de sus encantos sin pudor y por motivos meramente instrumentales. Hoy en día sigue considerándose una obra "pornográfica" típica. Apareció en 1748-1749, pero, según algunas fuentes, no fue prohibida por el gobierno británico hasta un siglo más tarde. En realidad, mientras se supuso que sus lectores pertenecían a una especie de "élite", el libro no pareció plantear ningún problema de "sociedad". En cuanto una masa de personas pobres, supuestamente débiles de espíritu (mujeres, niños, obreros, etc.) pudo tener acceso a ese libro (y a otros del mismo género) se concibieron las medidas de prohibición. De forma más general no fue hasta el desarrollo de las técnicas de reproducción y de difusión masiva (fotografía, cine, periódicos y sistemas de comunicación modernos, por así decirlo), cuando el consumo de representaciones sexuales explícitas se convirtió en un problema "social", con la consiguiente aparición de las calificaciones morales de la "pornografía" y, sobretodo, de la "obscenidad".

En resumen, mientras es la "élite" quien consume las representaciones explícitas de actividades sexuales, mientras sólo son las personas distinguidas quienes se deleitan con éstas en sus salones privados, la "pornografía" no existe. Las cosas comienzan a torcerse a partir del momento en que, gracias a los medios de difusión modernos, tales representaciones comienzan a circular fuera de ese pequeño círculo, y los más pobres también pueden disfrutarlas. Entonces nace la idea de que hay que controlar o prohibir urgentemente la difusión de esas representaciones, so pretexto de que son repugnantes, peligrosas, inmorales. ¡Se ha inventado la "pornografía"!

(Pensar la pornografía, Ruwen Ogien,  págs. 63-73, Ediciones Paidós, Barcelona, 2005)





17 dic 2009

Ganan las migajas







Hoy en Cataluña, una masa deshonesta reclama por la “libertad” de sus peculios. Estas gentes (a menudo fácilmente excitables y casi siempre las más dispuestas a luchar a ciegas por algo tan sencillo como la defensa de unos intereses propios) miraron a un lado, miraron al otro y se dieron cuenta que sus vecinos habían sido premiados con un privilegio extraordinario.
Éste, parece ser que consistía en el beneficio limpio y amable de heredar sin complejos; es decir, en no tener que pagar ningún tributo por el simple y maravilloso hecho de recibir el legado que algún familiar responsable con la tradición les dejó para su disfrute. -En los más de los casos éstos suponen una madeja de posibles futuros, libres de la tortura que conllevaría la práctica de la solidaridad. O, siendo menos prosaicos, libres de la asunción de una justa redistribución de las riquezas (que algunos recibirán por el sólo hecho de llevar tal o cual apellido)-. 
Cuando se percataron de esto, pensaron: ¿pero si ellos no pagan, por qué tenemos que pagar nosotros? (esta es sin duda la pregunta más universal para justificar una infamia). Desde los sectores catalanes de casta más noble (acaso veladamente desde algún partido político) se empezó a promover una lucha engañosa, y del todo oportunista, para conseguir los mismos privilegios que habían conseguido sus vecinos. De ésta se pasó a una cierta burguesía y de aquélla, el sentimiento se fue degradando hasta llegar a las capas más bajas de una sociedad democráticamente feudal (permítaseme este pequeño oxímoron, escribo con muchas prisas).
Todos los medios de comunicación se hicieron eco rápidamente de aquellas reivindicaciones, la gente empezaba a murmurar por las calles y muchos empezaron a sentirse pobres y desgraciados al no saber que hacer con sus pesadas herencias. Dícese que no podían pagar los tributos que por ellas les exigían (lamentablemente desconozco la particularidad de cada caso para poder opinar con mayor rotundidad).
En el Parlamento los grupos políticos empezaron un agrio debate defendiendo cada cuál sus intereses. Extrañamente, resultó que tan sólo uno de ellos, un grupo minoritario que egoístamente se dedicaba a una causa llamada justicia social, opuso feroz resistencia. Finalmente, no obstante, y por una cuestión sentimental mayoritaria, se decidió sabiamente que lo que no gusta a “muchos” ciudadan@s, vale para tod@s. Así que se decidieron a hacer algunas reformas con el único fin de equipararse a sus vecinos.
Ahora, en esas estamos, en un debate político sin sonrojo, donde lo que se discute no son más que las migajas por un Estado social que languidece. ¿Pero que será eso del Estado social?, muchos se preguntarán. Adivino que la masa deshonesta no quiere adentrarse en una reflexión tan política, tan económica, tan profunda como esa. Pero antes de acabar con esta historia, por la que muchos sentirán verdadera ingratitud, quiero recordar una sola cosa: nadie, absolutamente nadie, nunca tuvo, tiene, ni tendrá la distinguida obligación de aceptar una herencia.